Retornar a Lima significó reencontrarnos con una de las ciudades más caóticas que hayamos visitado jamás. El micro que nos tomamos en Chancay nos dejó en una terminal ubicada en el norte de la capital; nuestra misión actual era cruzarla para emplazarnos en alguna estación de servicio o peaje de la salida hacia la Panamericana Sur. Como primera medida compramos una botella de agua para hidratarnos. El calor era inaguantable. La “ciudad de los virreyes” se debatía en ese frenesí constante de coches-a-punto-de-estrellarse que la caracteriza.
Tomamos un bondi que nos dejaba a mitad de camino. En Lima los boletos del colectivo no se sacan de una máquina como en Buenos Aires, sino que se le pagan a un muchacho denominado cobrador, una vez encima del vehículo. Resultó ser que el cobrador de este colectivo se mostró interesado en nuestro aspecto harapiento y nos pusimos a charlar. Le contamos que veníamos atravesando todo el país a dedo, sin pagar ni un sólo bus, gracias a la amabilidad con que la gente nos trataba. Que estábamos “en las últimas”, y que la plata apenas si nos alcanzaba para comer… A medida que atravesábamos Lima y el muchacho le cobraba su boleto a todos los pasajeros (excepto a nosotros), comenzamos a presentir que su intención era eximirnos del gasto, en un guiño de hermandad latinoamericana. Pero la cosa no se quedó allí… En un momento subió un hombre vendiendo helados. Hacía calor y hacía rato que no comíamos. Mirábamos con ojos soñadores el cartel donde el hombre exhibía los helados en venta, intentando imaginarnos su sabor... tan perdidos estábamos en ese ensueño que no entendimos lo que sucedía cuando el tipo se nos acercó y levantó la tapa de la heladerita. “Elijan uno”. “¿Eh? No, pero no tenemos plata nosotros”. “Es un regalo del cobrador”. Nos miramos sin poder creerlo, miramos en dirección al cobrador pero él no nos miraba en ese momento. Elegimos los dos el mismo helado (uno de crema americana con galletitas de chocolate), incrédulos aún de nuestra suerte..
"Para mí sólo recorrer los caminos que tienen corazón, cualquier camino que tenga corazón. Esos recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo, y esos recorro mirando, mirando sin aliento" Castaneda
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domingo, 11 de marzo de 2012
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